Bajo presión… Dos mundos, un mismo conjunto de reglas
¿Qué me enseñó el buceo sobre la cirugía?
«La misma regla se aplica en el quirófano y a cuarenta metros bajo el agua: el pánico mata».
A primera vista, los mundos de la cirugía plástica y el buceo pueden parecer completamente diferentes. Uno tiene lugar en quirófanos estériles, el otro en agua salada, a menudo en condiciones de escasa visibilidad. En uno, los monitores emiten señales constantes; en el otro, solo escuchamos el sonido de nuestra propia respiración. Sin embargo, con el paso de los años, me ha resultado cada vez más evidente que la lógica operativa de estos dos mundos es sorprendentemente similar.
En momentos críticos, ambos pueden convertirse en sistemas cerrados en los que no existe una salida inmediata. Los dos implican situaciones de alto riesgo. Y en ambos, el factor humano constituye una de las variables más importantes. Como cirujano y buceador activo, observo los mismos patrones una y otra vez: planificación, comprobación, disciplina, trabajo en equipo y tolerancia al estrés, además de la rapidez con la que un exceso de confianza puede convertirse en un peligro.
La experiencia es importante. Sin embargo, también puede ser peligrosa cuando se transforma en exceso de confianza.
Ambos mundos enseñan la misma lección: la seguridad no consiste en la ausencia de miedo, sino en la calidad de la preparación.
Y quizá sea precisamente en este punto donde el quirófano y las profundidades del mar se convierten realmente en un mismo mundo.
La similitud entre dos mundos
Una de las características más importantes que comparten la cirugía y el buceo es que ambos pueden convertirse en entornos donde no existe una verdadera posibilidad de una salida rápida. Un problema no puede simplemente interrumpirse o posponerse. Debe gestionarse en ese mismo momento.
Durante una inmersión profunda, un buceador no siempre puede ascender inmediatamente a la superficie sin consecuencias. Ascender demasiado rápido puede generar por sí mismo un riesgo adicional. Lo mismo ocurre en el quirófano: no existe un botón de pausa durante una hemorragia inesperada, una dificultad técnica o la inestabilidad de un paciente. Mantener el control de la situación requiere concentración constante y una toma de decisiones estructurada.
En ambos campos, los incidentes graves rara vez se deben a un único gran error. Es mucho más habitual que exista una cadena de errores. Una pequeña falta de atención puede ser manejable por sí sola, pero la acumulación de varios errores menores puede crear una situación crítica.
En el buceo, esto podría comenzar con una comprobación del equipo que se omite, una planificación inadecuada del gas o una comunicación deficiente con el compañero. Del mismo modo, en cirugía, un malentendido, una preparación insuficiente o un paso ejecutado de manera demasiado rutinaria pueden resultar peligrosos.
Precisamente por eso los protocolos desempeñan un papel tan importante. Desde fuera, las listas de comprobación y las verificaciones repetitivas pueden parecer excesivas o mecánicas. En realidad, constituyen una base fundamental de la seguridad. Antes de una inmersión, los buceadores comprueban su equipo y sus procedimientos de emergencia siguiendo una secuencia determinada. Los quirófanos modernos funcionan siguiendo una lógica similar: identificación del paciente, planificación quirúrgica, comprobación del equipo y comunicación entre los miembros del equipo.
Los protocolos no implican falta de experiencia. Todo lo contrario. Los profesionales con mayor experiencia suelen ser quienes mejor comprenden la facilidad con la que un error humano puede contribuir a una situación peligrosa.
Quizá esta sea la similitud más importante entre un buen buceador y un buen cirujano: ninguno depende únicamente de la rutina o de la confianza en sí mismo para garantizar la seguridad.

El sistema de listas de comprobación
La mayoría de las personas considera la rutina una prueba de experiencia. Sin embargo, en determinadas profesiones, la propia rutina puede convertirse en uno de los mayores peligros. Existe una frase conocida entre los buceadores: «La rutina mata».
No se debe a que la experiencia sea perjudicial, sino a que el exceso de confianza puede erosionar gradualmente la disciplina necesaria para realizar las comprobaciones. Después de un tiempo, uno puede empezar a pensar: «He hecho esto cien veces». Muchos errores comienzan precisamente en ese punto.
Por eso, la comprobación entre compañeros es una práctica habitual en el buceo. Antes de una inmersión, los buceadores no solo revisan su propio equipo, sino también el de su compañero. El suministro de gas, el regulador, el dispositivo de control de flotabilidad, el ordenador de buceo y los sistemas de respaldo se comprueban siguiendo un procedimiento establecido. No se trata de falta de confianza, sino del reconocimiento de que cualquier persona puede cometer un error bajo presión o durante una tarea que se ha vuelto rutinaria.
La cirugía moderna ha adoptado un enfoque similar.
El uso de una lista de verificación quirúrgica se ha convertido en un elemento importante de seguridad dentro del quirófano. Uno de los sistemas más conocidos es la Lista de Verificación de la Seguridad de la Cirugía presentada por la Organización Mundial de la Salud. Un importante estudio multicéntrico encontró que su implementación estaba asociada con una reducción de las complicaciones y las muertes quirúrgicas, aunque investigaciones posteriores han mostrado que los resultados pueden depender de la forma en que se implementen estos sistemas.
La esencia de la lista parece sencilla a primera vista: el paciente correcto, el lado correcto, el procedimiento correcto, el equipo correcto, los riesgos conocidos y las funciones claramente definidas de cada integrante del equipo.
Sin embargo, estos pasos aparentemente sencillos pueden salvar vidas. La aviación, el buceo y la cirugía han aprendido que la memoria humana no es completamente fiable bajo presión. Incluso los mejores profesionales no están seguros porque nunca cometan errores, sino porque trabajan dentro de sistemas diseñados para detectar y corregir errores a tiempo.
La redundancia también desempeña un papel importante al proporcionar una solución alternativa cuando resulta apropiado en situaciones críticas. Dependiendo del tipo de inmersión y del entorno, los buceadores técnicos pueden llevar suministros de gas redundantes, luces de respaldo o planes alternativos de ascenso. En cirugía, el mismo principio puede manifestarse mediante equipos de respaldo, disponibilidad de productos sanguíneos cuando estén indicados, estrategias quirúrgicas alternativas o múltiples sistemas de verificación.
Desde fuera, estas medidas pueden parecer en ocasiones excesivamente cautelosas. Desde dentro, sin embargo, representan una forma de humildad, el reconocimiento de que ninguna persona es infalible bajo una enorme presión. El verdadero profesionalismo a menudo no se revela mediante hazañas técnicas espectaculares, sino a través de los pequeños pasos que se repiten de manera constante y ayudan a evitar una catástrofe.
4. Estrés y toma de decisiones
En el quirófano y bajo el agua, el cuerpo humano puede reaccionar de manera sorprendentemente similar ante situaciones de estrés. El organismo entra en un estado de respuesta de supervivencia: aumenta la frecuencia cardíaca, se acelera la respiración y se incrementan los niveles de adrenalina. A corto plazo, esto puede mejorar el rendimiento. Sin embargo, una vez superado cierto punto, el estrés deja de ser útil y comienza a perjudicar la toma de decisiones.
Los buceadores conocen bien el fenómeno de la «visión de túnel», en el que, durante una situación peligrosa, la atención se concentra tanto en un único problema que se pierde la capacidad de comprender el panorama general. Un buceador centrado en un fallo técnico podría no advertir un rápido consumo de gas o un cambio de profundidad.
Algo similar puede ocurrir en el quirófano durante una complicación. Una hemorragia inesperada o una dificultad técnica pueden absorber fácilmente toda la atención, haciendo que se pasen por alto otros parámetros importantes. Por ello, una de las habilidades más importantes de un cirujano experimentado no es únicamente la competencia técnica, sino la capacidad de mantener una visión global de la situación incluso bajo presión.
El aumento del estrés también puede afectar a las habilidades motoras finas. Un buceador puede perder destreza y encontrar mayores dificultades para manipular pequeñas conexiones o componentes. En cirugía, esto puede ser especialmente crítico, ya que la precisión puede depender de movimientos medidos en milímetros. Una tensión excesiva puede provocar temblores en las manos, acciones precipitadas o movimientos demasiado agresivos.
Aún más peligroso es el estrechamiento cognitivo. Bajo estrés, las personas tienden a simplificar su pensamiento. La capacidad para resolver problemas se reduce, el procesamiento de la información se deteriora y disminuye la flexibilidad en la toma de decisiones. En estas situaciones, lo que falta no siempre es conocimiento técnico, sino la flexibilidad mental necesaria para reevaluar el problema.
Por eso, un buen buceador o un buen cirujano no solo está preparado técnicamente. También está entrenado mentalmente.
En una situación crítica, el papel del líder del equipo adquiere especial importancia. El liderazgo en esos momentos no consiste en dar órdenes a gritos ni en ejercer dominio, sino en proporcionar una estructura tranquila. Un buen líder puede reducir el caos, establecer prioridades, comunicarse con claridad y transmitir estabilidad al equipo.
Curiosamente, el pánico puede ser contagioso. Una sola persona alterada o insegura puede afectar al rendimiento de todo el equipo, tanto en el quirófano como bajo el agua. Lo contrario también es cierto: un liderazgo sereno puede ayudar a reducir el estrés dentro del equipo.
Existe una frase muy conocida entre buceadores experimentados: «Despacio es fluido. Fluido es rápido».
A primera vista puede parecer una paradoja, pero resume perfectamente la esencia del trabajo bajo presión. Los movimientos controlados y estructurados terminan ofreciendo soluciones más rápidas y seguras que las acciones precipitadas.
Quizá esta sea una de las lecciones más importantes que comparten el quirófano y las profundidades del mar: en una situación de mucho estrés, no destaca quien reacciona más rápido, sino quien consigue mantener la claridad mental durante más tiempo.
5. Complicaciones frente a emergencias bajo el agua
Muchas personas imaginan que «nada sale mal» cuando se trata de un cirujano competente o de un buceador experimentado. La realidad es mucho más compleja. No existe un entorno completamente libre de riesgos, ni en el quirófano ni bajo el agua. Incluso con una amplia experiencia, una planificación meticulosa y la mejor tecnología, pueden surgir situaciones inesperadas. Una variación anatómica, una hemorragia repentina, un fallo técnico o una reacción fisiológica adversa no siempre pueden predecirse.
La diferencia suele estar no tanto en si se produce una complicación, sino en la forma en que se responde a ella.
En el buceo, el propio pánico puede convertirse en uno de los factores más peligrosos. Una tragedia no necesariamente se debe al problema inicial, sino que puede derivarse de una reacción descontrolada. La pérdida de una máscara, una corriente inesperada o una interrupción en el suministro de gas podrían ser situaciones manejables por sí mismas, pero una respuesta desorganizada puede agravar rápidamente la crisis.
Un mecanismo similar puede observarse en el quirófano. Una complicación rara vez se vuelve verdaderamente peligrosa en un solo instante. El momento crítico suele llegar cuando el equipo pierde su estructura: la comunicación se deteriora, los movimientos se vuelven apresurados y el pensamiento se estrecha.
Por tanto, los profesionales experimentados no se preparan para un escenario en el que nunca surjan problemas. Se preparan para seguir funcionando de manera eficaz cuando aparece un problema.
Antes de una inmersión, los buceadores técnicos consideran posibles situaciones de emergencia:
¿Qué ocurre si se pierde el suministro de gas?
¿Dónde se encuentra el sistema de respaldo?
¿Cómo se realizará el ascenso? ¿Cuándo debe abortarse la inmersión?
Un cirujano experimentado plantea mentalmente escenarios similares:
¿Cuál es el siguiente paso en caso de una hemorragia inesperada?
¿Cuándo debe modificarse la estrategia?
¿Cuándo es necesario pedir ayuda?
¿Dónde se encuentra el límite de seguridad?
Curiosamente, en ambos mundos, una de las señales del verdadero profesionalismo es la capacidad de mantener el ego bajo control. En situaciones peligrosas, la persona más fuerte no es quien continúa a cualquier precio, sino quien reconoce sus propios límites a tiempo.
Los buceadores saben que abortar una inmersión no representa un fracaso, sino que puede ser una decisión acertada. La misma madurez puede observarse en cirugía cuando un cirujano modifica el plan a tiempo, solicita ayuda o elige un enfoque más seguro.
Existe una regla fundamental compartida por ambos mundos: una situación rara vez mejora simplemente porque alguien empieza a moverse más rápido debido al pánico. Las respuestas controladas, la comunicación y el pensamiento estructurado suelen ser más importantes que el problema técnico original.
Quizá por eso los profesionales más tranquilos no son quienes nunca se han enfrentado a una complicación, sino quienes han aprendido que superar situaciones críticas depende en gran medida de la disciplina mental.

Descompresión y agotamiento profesional
La enfermedad por descompresión es uno de los riesgos más conocidos del buceo.
Durante una inmersión, los tejidos del cuerpo absorben gases inertes del gas respirado debido al aumento de la presión ambiental. A medida que la presión disminuye durante el ascenso, esos gases deben eliminarse adecuadamente. Si la descompresión es insuficiente, pueden formarse burbujas en los tejidos o en el torrente sanguíneo y desarrollarse una enfermedad por descompresión. Es importante señalar que esta puede presentarse en ocasiones incluso cuando un buceador ha seguido un perfil de inmersión aparentemente aceptable.
Su presentación puede variar considerablemente. Los síntomas iniciales pueden ser sutiles, como fatiga inusual, dolor, hormigueo, mareos u otros cambios, mientras que los casos más graves pueden incluir problemas neurológicos, respiratorios o circulatorios.
El agotamiento profesional en cirugía sigue, desde mi perspectiva, un patrón sorprendentemente parecido, aunque la comparación es conceptual y no fisiológica. La enfermedad por descompresión y el agotamiento profesional son condiciones médicas diferentes con mecanismos biológicos completamente distintos.
Un cirujano puede trabajar durante años bajo una intensa presión mental y emocional. La responsabilidad constante, la falta de sueño, la necesidad de tomar decisiones críticas, el peso de las complicaciones y las expectativas de rendimiento pueden convertirse poco a poco en la «nueva normalidad». El cuerpo y la mente se adaptan a este estrés crónico hasta que, finalmente, alcanzan los límites de su capacidad de compensación.
El agotamiento profesional rara vez aparece de la noche a la mañana. De la misma forma que el estrés por descompresión puede no ser evidente desde el principio, el agotamiento profesional no se produce por una única semana difícil.
Ambos pueden parecer:
Invisibles, graduales, acumulativos y fáciles de minimizar al principio.
La persona afectada puede incluso no reconocer las señales iniciales. El buceador dice: «Solo estoy un poco cansado». El médico dice: «Todo el mundo está agotado últimamente».
Sin embargo, esta comparación no debe interpretarse de manera literal. En el buceo, el riesgo de descompresión se gestiona mediante una planificación adecuada, procedimientos apropiados de ascenso, las obligaciones de descompresión cuando sean necesarias y el cumplimiento de prácticas de buceo establecidas. La recuperación mental funciona mediante procesos completamente diferentes.
Lo que conecta ambos conceptos en mi mente es la idea de respetar los límites.
El agotamiento profesional puede coexistir con un alto rendimiento durante mucho tiempo. Desde fuera, se observa a un profesional exitoso, mientras que internamente sus reservas emocionales, su concentración y su empatía pueden ir disminuyendo gradualmente.
Quizá por eso la comparación entre la descompresión y el agotamiento profesional continúa resultándome tan convincente: ambas nos recuerdan que la adaptación tiene límites, incluso cuando desde fuera todo parece normal.
Y ambas sirven también como recordatorio de que la supervivencia no es únicamente una cuestión técnica, sino también una cuestión de equilibrio biológico y mental.

Conclusión
La idea de este artículo surgió a raíz de la tragedia de buceo en la cueva de Devana Kandu, en Maldivas, en mayo de 2026.
Este artículo no intenta determinar la causa del incidente ni atribuir responsabilidades. La tragedia simplemente me llevó a reflexionar sobre los factores humanos más amplios que existen tanto en el buceo como en la medicina.
Después de tragedias de este tipo, quienes observan desde fuera suelen buscar un único error: una mala decisión, un problema técnico o un fallo humano. Sin embargo, la realidad puede ser mucho más compleja. Las situaciones críticas pueden implicar una combinación de factores humanos, problemas de comunicación, estrés, complacencia, exceso de confianza, dificultades técnicas, condiciones ambientales y tiempo.
Como cirujano, me resulta difícil no reconocer los paralelismos.
Ambos mundos enseñan la misma lección: el peligro nunca puede eliminarse por completo. La seguridad no surge de convertirse en alguien infalible, sino de la capacidad para reconocer los propios límites, respetar los protocolos y mantener un pensamiento estructurado incluso bajo presión.
En última instancia, la misma regla se aplica en el quirófano y en las profundidades: sobrevivir no es una cuestión de improvisación.
Quizá por eso siento que estos dos mundos están tan estrechamente relacionados. Ambos exigen autocontrol constante, disciplina y estabilidad mental. Ambos castigan rápidamente las decisiones impulsadas por el ego. Y ambos nos enseñan que el verdadero profesionalismo suele ser mucho más silencioso de lo que imaginamos.
«Un buen cirujano y un buen buceador mantienen la calma no porque estén libres de peligro, sino porque están preparados para afrontarlo».
Descargo de responsabilidad
Este artículo refleja la perspectiva profesional y personal del autor y su experiencia como cirujano y buceador. Las comparaciones entre medicina y buceo tienen como objetivo explorar los factores humanos y la cultura de seguridad y no deben interpretarse como asesoramiento médico ni como instrucciones de buceo. Las opiniones expresadas pertenecen al autor y no representan necesariamente la posición editorial de Diventures Magazine.
Sources: DAN, WHO, Diventures Revista
El Dr. Béla Zoltán Debreczeni, MD, PhD, es un cirujano plástico y reconstructivo húngaro con más de 25 años de experiencia. También es un divemaster experimentado, con especial interés en la seguridad en el buceo, los factores humanos, la gestión de riesgos y la toma de decisiones bajo presión.







