magínese a un turista buceando en el Mar Rojo egipcio, pagando una buena suma para contemplar la belleza de nuestros arrecifes de coral y la vida marina. En ese instante, observa cómo un guía local arroja plástico al mar con total despreocupación, cómo un pescador despliega redes destructivas que arrasan el lecho marino o cómo alguien vierte productos químicos en aguas que sustentan ecosistemas enteros. Ese visitante se marcha decepcionado, comparte la experiencia con otros y, de repente, la reputación de Egipto se resiente, todo por decisiones irreflexivas tomadas en segundos.
Un fideicomiso sagrado
Este momento revela algo más profundo que he presenciado a lo largo de mi trayectoria como Especialista Ambiental Sénior. Alá nos ha confiado un equilibrio sagrado, un equilibrio ambiental que vincula nuestras decisiones diarias con nuestra fe, nuestra salud y nuestro futuro. He visto innumerables ejemplos de cómo se viola este equilibrio, no solo en el mar, sino también en nuestra vida cotidiana.
Recuerdo estar en la calle cuando un conductor terminó de comer un trozo de mango y tiró la cáscara por la ventanilla sin pensarlo. Un minuto después, un niño pequeño que corría cerca la pisó, perdió el equilibrio y se estrelló contra el suelo. Ese niño podría haber resultado gravemente herido, o peor, todo por una decisión imprudente del conductor que olvidó al instante. Se fue a casa sin saber que su acto irreflexivo casi le costó la vida a un niño.
Cada decisión que tomamos honra o viola la confianza que Alá nos dio.
El marco para el cambio
Esto es lo que he aprendido a través de mis estudios sobre el cambio de comportamiento para el desarrollo sostenible: nuestras acciones tienen consecuencias que van mucho más allá de lo que vemos de inmediato. El cambio real requiere que comprendamos qué necesita cambiar, dónde necesita cambiar y cuándo debemos tomar esas decisiones cruciales.
¿Qué debe cambiar? Nuestras conductas. Debemos dejar de dañar los corales, abandonar las prácticas de pesca destructivas, no volver a verter basura en nuestras aguas y pensar antes de desechar cualquier cosa. ¿Dónde debe cambiar? En nuestros barcos, en nuestras comunidades, en cada interacción con el mar, en cada calle, en cada momento. ¿Cuándo debe cambiar? Ahora mismo, en cada decisión que tomamos.
Un llamado a la acción
No se trata de culpar solo a los trabajadores marítimos o a los turistas. Se trata de todos los que interactuamos con el mar y con nuestro planeta. Debemos cuidar nuestros pasos, reconsiderar nuestras decisiones y ser conscientes de nuestra huella ambiental y nuestras emisiones. Ante cada actividad, ante cada elección, debemos detenernos y preguntarnos: ¿esto honra la confianza que Dios nos ha otorgado? ¿Podría mi descuido perjudicar a alguien más?
Los tesoros de nuestros mares no son nuestros para destruirlos. Pertenecen a las generaciones futuras, a nuestra salud, a nuestra economía y a nuestra fe. El verdadero cambio se produce cuando cada uno de nosotros se compromete a tomar la decisión correcta en cada momento, pensando no solo en el medio ambiente, sino también en la vida y la seguridad de quienes nos rodean.
Así es como protegemos lo que más importa.

Shady Helal
Especialista Medioambiental Senior en HEPCA - Asociación para la Protección y Conservación del Medio Ambiente de Hurghada






