Las recientes discusiones en las redes sociales sobre un incidente de buceo en Hurghada han vuelto a sacar a la superficie de la comunidad mundial de buceo un tema importante: los límites profesionales que deben existir entre los instructores de buceo y sus alumnos.
La conversación, por incómoda que sea, presenta una valiosa oportunidad. En lugar de debatir los pormenores de un incidente, merece la pena dar un paso atrás para examinar las normas que definen una enseñanza del buceo segura, ética y profesional, y preguntarse sinceramente si nuestro sector está haciendo lo suficiente para mantenerlas.
La confianza es la base del buceo
El submarinismo no se parece a ninguna otra actividad recreativa. Desde el momento en que un alumno entra en el agua, deposita un extraordinario nivel de confianza en su instructor, no sólo para que le guíe, sino para su seguridad en un entorno que es inherentemente desconocido y potencialmente implacable.
Especialmente para los principiantes, el mundo subacuático puede resultar desorientador. La comunicación limitada, el equipo desconocido y la total dependencia de un aparato respiratorio no dejan a los alumnos más opción que seguir las indicaciones de su instructor. Esa dependencia no es una debilidad, es simplemente la naturaleza del aprendizaje del buceo. Pero impone una profunda responsabilidad al instructor. La conducta profesional bajo el agua no es opcional. Es la base sobre la que se construye toda lección de buceo.
El Contacto Físico: Necesario, limitado y siempre intencionado
Cierto contacto físico entre un instructor y un alumno es una parte aceptada y a veces esencial del entrenamiento de buceo. Ajustar la flotabilidad o la posición de un alumno, ayudarle con el equipo, evitar un ascenso inseguro o estabilizar a un buceador que muestre signos de estrés: todas estas son razones legítimas por las que un instructor puede establecer contacto físico durante una sesión.
Pero la palabra clave es intencionado. Todo contacto físico debe tener un motivo claro y relacionado con la seguridad. Debe ser proporcionado, breve y centrado en el equipo o la postura del alumno más que en su cuerpo. Y, lo que es más importante, nunca debe hacer que el alumno se sienta incómodo o confuso sobre su intención.
Los instructores profesionales comprenden esto instintivamente. También entienden que un alumno tranquilo y controlado no es un alumno al que haya que redirigir físicamente. Cuando el contacto se produce en ausencia de cualquier preocupación por la seguridad, queda fuera de los límites de la instrucción profesional, independientemente de la intención.

La sesión informativa no es opcional
Una de las herramientas más eficaces de que dispone un instructor para establecer la confianza incluso antes de que empiece la inmersión es la sesión informativa previa a la inmersión. Sin embargo, a veces se trata como una formalidad y no como la base que debería ser.
Una sesión informativa exhaustiva debe explicar claramente cómo puede ayudar el instructor al alumno durante la sesión, qué orientación física puede producirse y por qué, y cómo puede indicar el alumno si se siente incómodo o quiere hacer una pausa. Esta transparencia hace algo más que evitar malentendidos: da al alumno una sensación de agencia en un entorno en el que tiene muy poca. Un alumno que sabe qué esperar es un alumno que puede centrarse en el aprendizaje en lugar de en la incertidumbre.
Los instructores que se saltan o se precipitan en este paso no sólo están escatimando en el procedimiento. Están eliminando una capa de protección tanto para el alumno como para ellos mismos.
La responsabilidad no recae sólo en los instructores
Los instructores individuales marcan la pauta bajo el agua, pero los centros de buceo conforman la cultura en la que operan los instructores. Contratar personal titulado y con experiencia es la base, no el techo. Los centros de buceo reputados van más allá, asegurándose de que los códigos de conducta se comunican claramente a todo el personal, que los alumnos disponen de canales accesibles y auténticos para plantear sus preocupaciones, y que la profesionalidad se modela desde la dirección hacia abajo.
La mayoría de los centros de buceo de Hurghada y de todo el Mar Rojo han forjado su reputación a lo largo de décadas de enseñanza constante y de alta calidad. Esa reputación es uno de los activos más valiosos de la región, y pertenece a toda la comunidad: operadores, instructores y personal de apoyo por igual. Protegerla es una responsabilidad colectiva, y eso significa tomarse las preocupaciones en serio y no a la defensiva cuando surgen.
Un momento para la reflexión honesta
Las conversaciones sobre la conducta de los instructores no suelen ser cómodas, sobre todo cuando se desarrollan públicamente e implican acusaciones que no se han resuelto del todo. El instinto de defender la profesión es comprensible. Pero la actitud defensiva, cuando se produce a expensas de la responsabilidad, acaba dañando más la reputación del sector que el incidente que la provocó.
Lo que más sirve a la comunidad de buceadores es una reflexión sincera. ¿Son suficientemente exhaustivas las sesiones informativas previas a la inmersión? ¿Los alumnos -sobre todo los que viajan solos y son nuevos en este deporte- comprenden realmente sus derechos bajo el agua? ¿Son visibles y fiables los canales de información de los centros de buceo? Son preguntas que todo operador e instructor debería poder responder con seguridad.
Proteger lo que hemos construido
Destinos como Hurghada y el Mar Rojo en general han adquirido fama mundial precisamente porque generaciones de instructores y operadores dedicados decidieron dar prioridad a la seguridad, la profesionalidad y la experiencia del buceador por encima de todo lo demás. Ese legado no se mantiene por sí mismo.
Cada instructor que entra en el agua con un alumno lleva consigo ese legado. Respetar los límites profesionales no es simplemente una cuestión de cumplimiento de un código de conducta: es un acto de cuidado por el alumno que tienes delante, por los colegas que comparten tu lugar de trabajo y por el futuro de un deporte que depende de la confianza del público para prosperar.
La norma es clara. El respeto, la profesionalidad y la responsabilidad deben permanecer siempre en el corazón del submarinismo, no porque se exijan, sino porque es lo que la profesión exige a quienes son dignos de ello.

Mohsen Nabil
Mohsen Nabil es el fundador y redactor jefe de la revista Diventures. Ingeniero mecánico e instructor de buceo con base en el Mar Rojo, escribe sobre seguridad en el buceo, conservación marina, exploración submarina y avances en la industria mundial del buceo. A través de la revista Diventures, trabaja para conectar a buceadores, científicos y defensores de los océanos, promoviendo al mismo tiempo el buceo responsable y la protección de los océanos.






